Dermatitis Atópica

La dermatitis atópica es una enfermedad crónica de la piel que cursa en brotes y cuyo principal síntoma es la comezón intensa.
Las lesiones cutáneas que aparecen pueden presentarse como manchas rojas con vesículas (fase aguda), manchas rojas con descamación (fase subaguda) o placas de piel engrosada y con los pliegues cutáneos marcados (fase crónica). Estas lesiones se localizan principalmente en los niños pequeños en la piel de la cara o las áreas extensoras de extremidades (muslos, brazos) y en los adultos en los pliegues y áreas flexoras de las extremidades.

Además son comunes otras características como piel seca, dermatitis en manos o pies, palmas hiperlineares, queratosis pilaris (“granitos” ásperos persistentes en muslos o brazos), eccema del pezón, pitiriasis alba (“jiotes”), doble pliegue en párpado inferior y oscurecimiento de la zona periocular. Los pacientes con dermatitis atópica tienen también más riesgo de infecciones cutáneas (herpes, moluscos o sobreinfección bacteriana entre otras).

Hasta el 30% de niños en edad escolar padecen esta enfermedad y habitualmente aparece en los primeros meses de vida, desapareciendo espontáneamente en algunos pacientes en la pubertad y persistiendo en otros durante toda la vida. Sin embargo, hay pacientes que presentan los primeros síntomas en la edad adulta.

Es frecuente que la dermatitis atópica se asocie, tanto en los propios pacientes como en sus familiares, a asma y la rinoconjutivitis primaveral.
El tratamiento de la dermatitis atópica debe ser individualizado. No existe hasta la fecha ningún tratamiento definitivo, y se trata de manejar la enfermedad adecuadamente en cada paciente y en cada momento.