Acné

El acné es una de las enfermedades más frecuentes de los adolescentes y jóvenes adultos, y probablemente la mayor causa de consulta médica dermatológica. Es un trastorno inflamatorio crónico, multifactorial, del folículo pilosebáceo, que afecta, sobre todo, la cara y el tronco.

Lo padecen más del 90% de la población durante la pubertad.

El pico de prevalencia se registra entre los 12 y los 24 años de edad. La incidencia es igual en pacientes de todas las etnias; en blancos se observó que el acné noduloquístico del dorso es más severo que en los negros.

La edad de comienzo varía de 12 a 13 años en las niñas a 13 a 14 años en los varones, lo que es probable que se deba a que el inicio de la pubertad es más precoz en las primeras. El pico de severidad se registra a los 17 a 18 años en mujeres y a los 19 a 21 años en varones. A veces en algunos niños se observan lesiones tempranas, del tipo de los comedones cerrados o abiertos, entre los 8 a 9 años.

En la mayoría de los afectados el proceso se resuelve durante la adolescencia; sin embargo, en el 12% de las mujeres y en el 3% de los hombres puede persistir hasta después de los 44 años de edad.

La historia de acné en la familia, más específicamente en el padre o la madre, aumentan el riesgo en los niños. En un 80% de los casos se pueden encontrar antecedentes en al menos un pariente, mientras que en un 60% los hay en uno o ambos padres.

El acné presenta con comedones abiertos o puntos negros y comedones cerrados o puntos blancos, así como pápulas o pequeños abultamientos rojos que pueden evolucionar a pústulas (abultamientos con punto de pus blanco o amarillo), así mismo pueden presentarse nódulos, quistes y abscesos.

Cuanto más profundas sean las lesiones activas de acné más posibilidades de generar procesos cicatriciales.

El tratamiento temprano y agresivo es importante para disminuir las secuelas cicatrizales y el impacto psicosocial. Por otra parte, la característica de recidivas sugiere la necesidad de un tratamiento de mantenimiento.